Sofía y Mateo
Eran las cuatro de la tarde. Sofía y Mateo, su mejor amigo, estaban reunidos en la cafetería, y él le comentaba sobre su día entorno a un café.
Entretanto, Sofía, quien parecía no estar prestando atención, observaba al mesero que limpiaba las mesas del fondo de la cafetería. Su amigo, quien se empezó a percatar de la situación, se interrumpió a media frase y dijo:
- ¿Qué tanto le ves?
- Le deseo.
- ¿Para qué lo deseas?
- Quiero que pare de hacer lo que hace, y harto de mi mirada, venga y me lleve arrastre hasta el baño, se baje los pantalones y me ordene que se la chupe.
- Ok. Y luego?
- Pues se la chuparía con todo el gusto, me tragaria su verga completa, y luego, cuando ya no pueda más y esté a punto de venirse, pararía.
- Eso es cruel.
- No, porque ahí le diría que quiero que me lo meta en el coño y se me venga dentro.
Al terminar de hablar, zanjó la conversación con un sorbo del café que ya empezaba a enfriarse.
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